Asuntos personales, un libro que comienza a hablarnos, a nutrir el imaginario de viajes en tono amoroso. Pastori bucea en los principios de una lírica sentimental que a todos puntualmente abriga cuando explora sus emociones. El poeta busca valores comunes al encuentro de seres de aquí y de allá que se confunden en el secreto y en un abrazo otorgado o presentido. Luego puede leerse la palabra Paz. Poética que hace paces con la vida. Una casa. Un pórtico. Sus árboles, siempre.Una especie de serenidad recorre las imágenes que, a la manera de Juan Ele, Ramponi, Manuel J. Castilla, del curso y recurso de Ángel González “el río se arremansa”. Y en el remanso de Pastori, un primer silencio se impone ante el gesto sinfónico de memoria propia que el lector inspirado recibe como aguas heráclitas: Levantarse / lleno de costumbres. Recorrer las obsesiones / naturalmente / casi en paz. Celebramos calurosamente al poeta. Celebro el silencio montevideano que despereza en los jardines y que permite que Aurelio Pastori pueda ejercer la meditación de la vida acercando sus pinceles cargados de poesía auténtica, holgada en su fiesta de metáforas y en el cruce humedal del recuerdo. A la manera de amanuense, el poeta, es amigo celebrante. En los ríos doloridos que se filtran en las grandes ciudades, he aquí, entonces, en Asuntos personales, la palabra de un profeta. Lidia Vinciguerra, texto para la contratapa de Asuntos personales (2010)