NI RUIDO, NI SILENCIO
“De las cosas del campo” (editorial Botella al Mar, 2010) es el último libro de Aurelio Pastori. Se presentó un miércoles de noviembre en el Café Uriel, sobre la calle Río Negro de Montevideo, cerca de la esquina con San José. El lugar fue elegido por el propio autor, dado que allí suele reunirse con sus amigos.
Quizás el ámbito no era el más propicio para una presentación intimista. Y tal vez los sonidos ajenos a la ceremonia no colaboraron demasiado con los organizadores, que en un principio habían previsto instalar al poeta y los tres panelistas en el primer piso.
Sin embargo, debido a que el público superó las expectativas, se improvisó un micro escenario en el segundo nivel. Aunque parezca extraño, el campo y el boliche son lugares que tienen algo en común: en ellos es imposible lograr el silencio absoluto. El sonido ambiente no distrae. Al contrario, puede crear una escena. Y como la poesía siempre es interioridad, ese día sólo bastaba con mirarse, oírse y sentirse adentro.
Una vez culminados los comentarios y las lecturas, se logró crear un clima encantador cuando Pastori leyó:
“El perro del capataz/ ladra sobre recuerdos/ (está viejo y ciego)./ El capataz no está./ Desde el último invierno/ sobre el campo sin él/ crece pasto nuevo. (…) Yo soy el único que lo veo”. (“Recuerdo de Pérez”).
Nacido en Montevideo en 1943, el poeta vivió treinta y tres años en el departamento de Flores, dedicado a la cría del ganado. Hasta ahora su obra édita se compone por “Los inesperados” (1993), “Bajo la ambigua luz” (1996), “Pasa sobre nosotros” (2001), todos ellos publicados en Montevideo.
Luego aparecieron en Buenos Aires “Poesía reunida” (2005) y “Las manos y los álamos” (2007). Su relación profunda con el campo uruguayo es esencial para entender el universo de muchos de sus textos. Y aunque los temas de su último libro son variados, el campo está presente en cada uno de los poemas que recoge esta antología a cargo de Margara Ramos, esposa del poeta.
La genialidad de Pastori radica en contar los mínimos detalles de la vida rural con un lenguaje sencillo y a la vez profundo. El libro completo parece querer reunir todas esas piezas de un todo mayor: el de la Naturaleza.
En el poema que abre el libro “La tropa”, compara los hombres con animales:
“Los novillos/avanzan todos juntos/como si fueran hombres/equivocados.” En el que lo cierra, plantea que alguna gente se asemeja a las ramas secas:
“Ramas secas/que duran años/ en el árbol./ Gente así.” Apenas cuatro versos le bastan a Pastori para dar cuenta de hondas cuestiones filosóficas, como las del fervor por las ideologías y el mero paso del hombre por el mundo, sin dejar huellas.
Salvo en algún caso excepcional, la propia palabra “campo” no aparece. Ése es un ejemplo, entre otros posibles, de que el autor no se tienta por la obviedad y el lugar común. La adjetivación siempre es muy cuidadosa. Por ejemplo en el poema “Pasa sobre nosotros” (homónimo de otro libro de Pastori) se dice sobre la sombra de un cuervo:
“Pasa sobre nosotros/ la sombra del cuervo/ nítida/ sobre el mediodía.”
“De las cosas del campo” concatena hombres, lagartos, arroyos, caballos, árboles, y no falta el silencio o la siesta. Algunos de sus textos funcionan como crónicas, como en el caso de “Almacén de Ramos Generales”, donde registra el intento fallido de una joven de cometer suicido. Ése poema es uno de los más conmovedores:
“Sucedió/ cerca del Arroyo Grande./ Ella entró/ con su juventud serena/ en el almacén/ a comprar tres metros de cuerda./ Cuando se fue/ un viejo parroquiano/ y el bolichero también viejo/ cavilaron/ con acierto:/ No hay vacas lecheras/ en su casa./ ¿Para qué quiere la cuerda/ está muchacha/ sino tiene que atar ningún ternero?/ Cerraron el almacén/ y corrieron/ La encontraron/ bajo el árbol atroz/ que había elegido/ preparando la lazada./ Todos vivieron.”
El uso de temas cotidianos afines a todos los hombres generan la inmediata conexión con su discurso poético. La soledad, la memoria, el recuerdo de los que ya no están y el miedo al olvido, se dibujan siempre con una notable economía de medios.
Pese a problemas de salud, que afectan sus movimientos y su voz, Aurelio Pastori escribe cuatro horas diarias. En la presentación del Café Uriel leyó un poema, firmó ejemplares y saludó con fragilidad a quienes se le acercaron a saludarlo. Estaba feliz de hacerlo en ese café montevideano. Más allá del ruido, puro talento y voluntad.
Florencia Lucero (Comunicación Periodística, Universidad ORT). Crónica publicada originalmente en Letras Internacionales N°113, sobre la presentación del libro de Pastori
«De las cosas del campo».
Fuente:
http://www.ort.edu.uy/facs/boletininternacionales/contenidos/113/courtoisielucero113.html